Eduardo Martos

Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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Derechos

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Sabiendo que le asistía el derecho a la vida, se paseó sin ropa, con la piel embadurnada en sangre de cordero, a la vista de los lobos. Todavía les reclamaba respeto cuando ya le habían desmembrado una pierna.

Puigdemont o Ragnarök

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Puigdemont o Ragnarök

Llegas a los gélidos dominios de Nilfheim y Muspell, de Ginnungagup y los yotes, de Odin y Midgård. Mientras esperas tomando un café que te sabe a exilio, recuerdas un pasaje del Ragnarök de Borges: «¡Ahí vienen! y después ¡Los Dioses! ¡Los Dioses!» Y también este otro: «Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.» Esta conclusión te conmueve. Esos dioses «taimados, ignorantes y crueles» son Rajoy, la Comisión Europea, todas las instituciones que te han dado la espalda a pesar de las falsas embajadas y los ministros de exteriores postizos.

Tú eres savia nueva. Estás aquí para darles muerte, figurada, eso sí. Quieres saltarles a la cara, agarrarte a su frente y quitarles la máscara con todo el peso de los cien millones de votantes, o quizá más, que han refrendado todo lo que estás haciendo, te han dado carta blanca para actuar fuera de las leyes y de las fronteras geográficas y lógicas, y te aplauden a diario. Eres consciente de tu sacrificio, incluso de tu más que probable inmolación. Pero alguien tiene que abrir las puertas que les han cerrado a tus conciudadanos. Y ese alguien eres tú, que fuiste ungido por la CUP y aclamado por las multitudes.

Ya se va acercando la hora de entrar en el auditorio y enfrentarte con todos esos gigantes sin piedad. Te sientes como David ante Goliat, como Hércules ante el Olimpo de dioses furiosos. Por un momento dudas (eres humano, a fin de cuentas). Temes no reunir el valor necesario para defender tus ideales. Y entonces, como un rayo que te ilumina desde el cielo, recuerdas a los miles de millones de catalanes que te han dado no ya su voto, sino su confianza plena para reiniciar esta Matrix implacable. Piensas que una gabardina negra te ayudaría ahora. E irrumpes en la sala.

Allí no están los dioses. No hay una multitud enardecida a la que debas aplacar. Tan solo un grupo de periodistas te esperan para cubrir un breve espacio en la prensa local. El Ragnarök, piensas, como la independencia, puede esperar.

Regalo de Navidad

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Es día 25. Puigdemont contempla el frío paisaje belga desde su escritorio. Llaman a la puerta. Le ha llegado una carta. El remitente es M. Rajoy. Intentando aparentar tranquilidad, la abre mientras se traga la impaciencia. Es un texto breve: (más…)

¡Hasta luego, Lucas!

¡

A Chiquito de la Calzada, por haber rejuvenecido nuestra lengua.

Esto es ese fistro pecador que entra en un restaurante de gente muy fina. El jefe de sala se acerca y le pregunta:

—¿Tenía usted reserva?

—¡Norl, norl, norl! —le responde el bambino.

—Entonces se tiene usted que marchar.

—No puedorrr.

—¿Por qué no?

—Porque si me voy ahora, ¿quién va a terminar este chiste?

Chiquito de la Calzada | emartos.es

Independencia

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Independencia de Cataluña - Puigdemont

Agitadas las calles, disueltas las leyes y esparcido el caos, Puigdemont se sienta en su sillón a meditar su siguiente paso. Se ha servido una copa, que paladeará sin prisas mientras lee los últimos titulares del día. De pronto, una noticia lo asalta, más por enterarse de esta manera que por el peligro que encierra: Barcelona se declara independiente de una futurible nación catalana. Hay revueltas en las calles y el Ayuntamiento ha tenido que ser rodeado por la Guardia Urbana. Su mano izquierda, de pronto, golpea la copa, que se hace añicos contra la pared. No ha sido un acto fruto de la irritación. Es como si su mano hubiera tomado conciencia propia y se lo quisiera demostrar. Intenta coger un bolígrafo con su mano izquierda, pero no es capaz de moverla. Aunque la siente todavía, ya no le responde. Usando su mano derecha, prueba a pellizcarla. Justo antes de alcanzarla, su mano izquierda se agita y se le lanza contra el cuello, apretándolo con firmeza. Se libera como puede y grita para pedir ayuda: la voz no le sale del cuerpo. Entonces, con un hilito de voz, se dice a sí mismo: «Soy tu voz y me independizo de ti desde este momento.» Una lágrima rueda por su mejilla, ya solo del ojo derecho: el izquierdo se acaba de independizar, y gira enloquecido provocándole un fuerte dolor de cabeza. Teme que sus pulmones o su corazón decidan declararse independientes y lo fulminen, aunque ya poco puede hacer. Entonces, como un último acto de rebeldía, siente el adiós de cada una de sus células, que han optado por la libérrima y suicida senda de la independencia absoluta. Se pregunta, en el momento antes del sueño, si los átomos que conforman sus células marcarán su propio destino, si el ciclo es eterno, si antes de disolverse en el individualismo absoluto, Cataluña conseguirá la independencia.

Aquello que nos une

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Fobias y filias políticas aparte, hoy quiero recordar que lo importante es aquello que nos une, y no lo que nos separa.

Todavía hoy, después de casi 30 años, me sigo emocionando con este momento glorioso y lleno de sensaciones positivas.

Conozco a catalanes con un corazón enorme, y sé que aquella tierra está llena de buena gente. Incluso aunque pensemos diferente, seguimos teniendo vínculos muy poderosos.

No dejemos que nos separen. Rechacemos los mensajes de odio y discordia.

Permutaciones

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Sentí el metal clavándoseme con fuerza en la boca, y acto seguido, un fuerte tirón hacia arriba. Por insitinto y con todas mis fuerzas, contuve el arrastre por unos momentos, pero en seguida volvieron los jalones. Supe entonces que mi destino estaba sellado, que como mi padre y mis tíos, acabaría asfixiándome entre violentas convulsiones. Y fue ahí donde te vi, donde me vi. A través de ese largo hilo, de la fina pero firme caña, tu ser pasó a mí y el mío pasó a ti. Y así es como tú te asfixiaste y yo te honré sirviéndote en la cena.

Árboles

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Árboles

Evitaba los bosques y las alamedas, y en general, cualquier paseo en el que hubiera muchos árboles. No era una simple aversión lo que le provocaban. Para él eran seres vivos con una conciencia muy similar a la nuestra, pero confinados en una existencia inmóvil y sin comunicación. A pesar de la falta de pruebas, esa perturbadora creencia fue reforzándose hasta que despertó en la calma de la noche, la suave brisa meciendo sus cabellos, sus brazos estirados en un rictus inamovible, sus pies hundidos en lo más hondo de la loma, incapaz de hacer o decir o llorar.

Índigo Crea

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Índigo Crea

Recientemente me he incorporado a Índigo Crea como colaborador permanente. Lo que estamos haciendo Rocío y yo es algo que llevaba rondándome la cabeza desde hace mucho tiempo, y al parecer, a ella también, así que ha sido muy fácil ponernos en marcha.

Nuestro propósito es ayudar a otros escritores en ciernes a encontrar su motivación, su objetivo, su voz interior, y lo vamos a hacer desde nuestra experiencia y en el plano de la práctica más útil y atractiva.

De momento, este viernes tenemos una sesión exprés de microrrelato y todavía quedan algunas plazas, así que estáis todos invitados.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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