Eduardo Martos

Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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La música oscura

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La música te está arrastrando, no lo disimules. Te arrastra y tú te dejas llevar como el coco que arrastra la marea, como el diente de león al viento, como la tentación. No sabes por qué, pero esas notas obran en ti algo distinto y nuevo, algo excitante. Temes el final sin saber por qué, sin cuestionártelo, pero lo temes. Te hubiera gustado que ese texto tan hermoso fuera tuyo, tuyo y solo tuyo, no del otro que lo perpetró sin apreciarlo y se llevó todas las flores. ¡Qué sabrá él! ¡Qué sabrá! No tiene tu talento pero sí le sonríe la suerte. No tiene que trabajar duro como tú para que le reconozcan, o ya ni eso, para que al menos pueda llevarse algo a la boca. Lo tiene todo, o le fue dado todo. A ti te lo negaron desde siempre. Y ahora eso. La gloria. La aclamación. La eternidad en ciernes. Eso es demasiado. La música… La música es oscura y te lleva con ella. Te hace temblar. Te quiebra pedacito a pedacito por dentro. Te incita. Te tienta. Te mete pensamientos nublados en la cabeza que te hacen levantar la llave inglesa y abrirle la cabeza como el coco que viajaba a la deriva, ver que dentro solo tenía sangre y vísceras como cualquier otro, que sus pensamientos ahora se desparraman sin sentido por toda la habitación.

Viaje hacia atrás

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Viaje hacia atrás | emartos.es

Hace tiempo que no cogía un tren. Está siendo un viaje cómodo. El paisaje es monótono pero con leves variaciones que lo hacen tan imprescindible como pasajero para mi memoria. He tenido la suerte de caer en el vagón del silencio, que es un nombre demasiado poético para designar una prohibición sobre uno de los más terribles impulsos de nuestra época: la comunicación compulsiva. También soy afortunado porque mis acompañantes de vagón son (más…)

Éxito

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Éxito | emartos.es
https://bit.ly/2GgXOkY

Recibo una llamada de no sé qué periódico. La reportera habla a gran velocidad, como si me estuviera alertando de un peligro. Creo entender algo sobre «mi repentina fama» y «repercusión internacional». Sin poder contener una breve carcajada, le digo que se ha equivocado y corto. De la calle viene un jaleo inusual. Me asomo a la ventana y hay un grupo de paparazzis que, al verme, se lanzan en jauría a fotografiarme. Asustado, me oculto tras las cortinas y agradezco no estar viviendo en Alemania. Me gritan intentando provocarme para que me asome de nuevo. Pienso que llamar a Braulio me puede salvar de esta locura, Braulio siempre tiene buenas ocurrencias, sensatas y sopesadas. Al desbloquear el móvil, veo cientos de notificaciones por todos los canales imaginables, incluso algunos cuya existencia desconocía. El aparato empieza a quemar, literalmente. Emocionadísimo y enfadado al mismo tiempo, Braulio aúlla que cómo he podido ocultarle algo así, que claro que me quiere ayudar pero ve difícil poder llegar a mi casa porque está viendo en Twitter que la multitud está muy cerca de aquí. Me noto un mareo de película sin llegar a desmayarme, sobre todo porque no entiendo una coma de lo que está ocurriendo. Me lavo la cara con agua fría con la ilusa esperanza de despertar de algo que sé que no es una pesadilla. Según Braulio, aún me quedan unos minutos para poder escapar. Corro hacia la calle con la elegancia de un pavo, y es entonces cuando, a unos cien metros, veo a la multitud enardecida. Jóvenes de apenas veinte años llevan una camiseta con mi cara y el lema PREMIO NOBEL escrito en rojo sangre. Al verme, saltan, señalan y chillan como si yo fuera una estrella del rock. Del otro lado, los paparazzis me han localizado y ya casi los tengo encima. Mi única salida es el callejón estrecho de enfrente. Agradezco al miedo la velocidad que siempre otorga y les gano la suficiente ventaja para colarme por una alcantarilla que ya tenía identificada para cuando nos invadieran los alienígenas. Ahí abajo, entre cucarachas y pestilencia, los oigo pasar como una estampida, gritando mi nombre, llorando por no poder tocarme. Saco el móvil. Tengo varias llamadas de Braulio. Antes de responder, leo la prensa. Mi cara es portada en todas partes. El escritor definitivo, El renacido, La literatura, son algunos de los titulares. No hay artículo de opinión que no hable de mí. Ha habido disturbios en Oslo a causa de la negativa de la Academia Sueca a otorgarme un Nobel de urgencia. La policía ha tenido que escoltar a mis padres a una comisaría para protegerlos de la turba, que exigía conocer mi paradero. Llamo a Braulio, él sabrá qué hacer. Mientras lo escucho contarme cómo ha sucedido todo en menos de dos horas, empiezo a advertir que ya nunca más podré pasear por mis rincones favoritos, dormirme leyendo junto a la ventana, opinar con libertad en las redes sociales. Y entiendo que la ficción puede solidificarse y llegar a ser tan persistente como la realidad misma. Al parecer, alguien encontró un relato que publiqué hace más de diez años en mi recóndito blog y lo convirtió en viral. Un relato que describe, parte a parte, la situación que me está terminando de ahogar en mierda ahora mismo.

Mentor de Escritura Creativa

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¿No consigues escribir como te gustaría?

¿Te bloqueas?

¿Tu literatura no se entiende?

 

Te ayudaré a encontrar su voz a través de técnicas de creación literaria fruto de mi experiencia como escritor.

 

Y lo haré de un modo directo, sencillo y divertido, aprovechando mis propios errores para evitar que tú los cometas.

Podría darte mil motivos para animarte a probar mi mentoría de literatura creativa, pero si no conectas con esta sencilla idea, sería inútil intentarlo.

El camino del escritor es uno de los menos profesionalizados que existen, y al mismo tiempo, el que más gente toma. Por eso es tan frecuente escuchar que es difícil escribir o que no hay nada que hacer sin inspiración.

No pretendo negar la experiencia personal de otros, aunque no la comparto. Mi intención es ayudarte a descubrir tus propias habilidades para canalizar tu creatividad de manera sólida.

Anímate a contarme qué te inquieta, qué persigues y qué te bloquea. Estoy seguro de que, juntos, encontraremos el camino.

Tela por contar: Jam session de microrrelatos

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Jam session | Eduardo Martos

Esta tarde, si nada prodigioso me lo impide, estaré en la librería Casa Tomada dándole rienda suelta a mis locuras, todo gracias a mi tocayo Eduardo Cruz Acillona, que todavía no sabe lo que ha hecho.

Estaré encantado de charlar con vosotros sobre literatura, locuras, agua (hoy es el Día Internacional del Agua, al parecer) y cualquier otra extravagancia que se os ocurra.

Ciclo Mirada de hoy (3ª y 4ª rondas)

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Como muchos ya sabíais, me he incorporado como presentador habitual del ciclo Mirada de hoy, organizado por La i Crítica e Índigo Crea, del que soy miembro. Ninguno ganamos nada con esto y ganamos mucho, pero solo desde el plano espiritual. Si algún mecenas quiere impulsar todo esto para convertirnos en rockstars de la literatura y que este ciclo sea como las charlas TED del arte, estaremos encantados de sentarnos a hablar.

Hoy os traigo, con bastante retraso, la 3ª y 4ª rondas. Si no habéis venido hasta ahora, os recomiendo que os apuntéis a la próxima. Estar tan cerquita de artistas tan polivalentes, intrigantes y talentosos, no es algo que te ofrezcan todos los días.

Mascarada

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Mascarada | emartos.es

Un Mitsubishi Grandis se detiene en una zona tranquila de la Plaça dels Traginers. El conductor se baja y abre el maletero, y después, un compartimento que recuerda a los ingenios que usaban los berlineses para cruzar, de incógnito, el Muro. Puigdemont sale con dificultad. El sol lo ciega por un momento. Quiere detenerse a contemplar Barcelona en un día tan hermoso como histórico, pero lo empujan con urgencia hacia las cloacas. Un pequeño contingente de mossos fieles lo conducirá hasta el Parlament. Antes de que termine de bajar, le dan una protección para el calzado y los pantalones. Es su gran día y debe llegar impoluto. Está previsto que nadie los detendrá antes de colarse en el Parlament, y así sucede.

Nadie de su partido sabe que está allí, tampoco Torrent. Avanza con innecesaria cautela hasta llegar al Salón de Sesiones. Irrumpe con la imagen mental de todo el independentismo aplaudiendo su retorno con lágrimas en los ojos. En lugar de eso, se encuentra con una escena bastante extraña: todo el mundo lleva una careta de Puigdemont. Apenas se giran para ver quién ha entrado. Están escuchando a un orador que, a poco que pronuncia un par de frases, revela que se trata de un discurso de investidura.

Però què és això! —exclama, consternado.

Nadie lo mira. Todos siguen, con suma atención, el discurso de investidura de Puigdemont. Se da cuenta, entre extrañado y nervioso, que las bancadas de los constitucionalistas están llenas y que todos llevan su rostro. Está por jurar que esa menudita de pelo largo es Inés Arrimadas, que hace gestos de triunfo con el puño cerrado.

Traïció! —grita, con la sospecha de que Ciudadanos ha orquestado una pantomima para suplantarlo.

Què et passa? —le pregunta una señora Puigdemont a Puigdemont.

Que jo sóc Puigdemont! responde, encendido L‘autèntic.

Ja, i jo també le responde, sosegada, la señora Puigdemont a Puigdemont, mientras se gira hacia el Puigdemont que está siendo investido Puigdemont.

Se da la vuelta para pedir ayuda a su séquito, pero ya no están, o se han colocado caretas y se han integrado en la marea de falsos Puigdemont. Si alguien pudiera tomar una foto aérea de la sala, y pedirle a todo el mundo que mirara hacia arriba, sería un curioso homenaje a los libros de Martin Handford, con Puigdemont en lugar de con Wally. Rojo de ira, con el nervio del ojo izquierdo tiritándole de furia, corre hacia el impostor y lo aparta de un empujón.

Jo sóc Puigdemont! grita con los brazos en alto.

Hubiera podido esperar cualquier reacción menos que explotaran en carcajadas y aplaudieran la ocurrencia como si se tratara de un chiste de Eugenio.

Jo sóc Puigdemont! gritan todos al unísonoJo sóc Puigdemont! Jo sóc Puigdemont! Jo sóc Puigdemont!

Mientras todos gritan y ríen, la chica que cree haber identificado como Inés Arrimadas se acerca corriendo, exaltada, hasta que llega hasta él, que se encoge por instinto.

Jo sóc Puigdemont! —viene chillando, casi afónicaJo sóc Puigdemont!

Ahora, todos lo señalan con el dedo, como si estuvieran celebrando un rito tribal. No dejan de cantar lo que parece haberse convertido en un himno: Jo sóc Puigdemont!

Movidos por una fuerza invisible, todos se llevan la mano a la careta al mismo tiempo. Aunque ya lo intuye, Puigdemont no se atreve a cerrar los ojos para comprobar, horrorizado, que tras la careta está su rostro, repetido hasta la infamia en todos y cada uno de los hombres y mujeres que lo jalean y ya lo llevan en volandas hacia la calle.

Derechos

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Sabiendo que le asistía el derecho a la vida, se paseó sin ropa, con la piel embadurnada en sangre de cordero, a la vista de los lobos. Todavía les reclamaba respeto cuando ya le habían desmembrado una pierna.

Puigdemont o Ragnarök

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Puigdemont o Ragnarök

Llegas a los gélidos dominios de Nilfheim y Muspell, de Ginnungagup y los yotes, de Odin y Midgård. Mientras esperas tomando un café que te sabe a exilio, recuerdas un pasaje del Ragnarök de Borges: «¡Ahí vienen! y después ¡Los Dioses! ¡Los Dioses!» Y también este otro: «Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.» Esta conclusión te conmueve. Esos dioses «taimados, ignorantes y crueles» son Rajoy, la Comisión Europea, todas las instituciones que te han dado la espalda a pesar de las falsas embajadas y los ministros de exteriores postizos.

Tú eres savia nueva. Estás aquí para darles muerte, figurada, eso sí. Quieres saltarles a la cara, agarrarte a su frente y quitarles la máscara con todo el peso de los cien millones de votantes, o quizá más, que han refrendado todo lo que estás haciendo, te han dado carta blanca para actuar fuera de las leyes y de las fronteras geográficas y lógicas, y te aplauden a diario. Eres consciente de tu sacrificio, incluso de tu más que probable inmolación. Pero alguien tiene que abrir las puertas que les han cerrado a tus conciudadanos. Y ese alguien eres tú, que fuiste ungido por la CUP y aclamado por las multitudes.

Ya se va acercando la hora de entrar en el auditorio y enfrentarte con todos esos gigantes sin piedad. Te sientes como David ante Goliat, como Hércules ante el Olimpo de dioses furiosos. Por un momento dudas (eres humano, a fin de cuentas). Temes no reunir el valor necesario para defender tus ideales. Y entonces, como un rayo que te ilumina desde el cielo, recuerdas a los miles de millones de catalanes que te han dado no ya su voto, sino su confianza plena para reiniciar esta Matrix implacable. Piensas que una gabardina negra te ayudaría ahora. E irrumpes en la sala.

Allí no están los dioses. No hay una multitud enardecida a la que debas aplacar. Tan solo un grupo de periodistas te esperan para cubrir un breve espacio en la prensa local. El Ragnarök, piensas, como la independencia, puede esperar.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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