Eduardo Martos

Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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Mentor de Escritura Creativa

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¿No consigues escribir como te gustaría?

¿Te bloqueas?

¿Tu literatura no se entiende?

 

Te ayudaré a encontrar su voz a través de técnicas de creación literaria fruto de mi experiencia como escritor.

 

Y lo haré de un modo directo, sencillo y divertido, aprovechando mis propios errores para evitar que tú los cometas.

Podría darte mil motivos para animarte a probar mi mentoría de literatura creativa, pero si no conectas con esta sencilla idea, sería inútil intentarlo.

El camino del escritor es uno de los menos profesionalizados que existen, y al mismo tiempo, el que más gente toma. Por eso es tan frecuente escuchar que es difícil escribir o que no hay nada que hacer sin inspiración.

No pretendo negar la experiencia personal de otros, aunque no la comparto. Mi intención es ayudarte a descubrir tus propias habilidades para canalizar tu creatividad de manera sólida.

Anímate a contarme qué te inquieta, qué persigues y qué te bloquea. Estoy seguro de que, juntos, encontraremos el camino.

Tela por contar: Jam session de microrrelatos

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Jam session | Eduardo Martos

Esta tarde, si nada prodigioso me lo impide, estaré en la librería Casa Tomada dándole rienda suelta a mis locuras, todo gracias a mi tocayo Eduardo Cruz Acillona, que todavía no sabe lo que ha hecho.

Estaré encantado de charlar con vosotros sobre literatura, locuras, agua (hoy es el Día Internacional del Agua, al parecer) y cualquier otra extravagancia que se os ocurra.

Ciclo Mirada de hoy (3ª y 4ª rondas)

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Como muchos ya sabíais, me he incorporado como presentador habitual del ciclo Mirada de hoy, organizado por La i Crítica e Índigo Crea, del que soy miembro. Ninguno ganamos nada con esto y ganamos mucho, pero solo desde el plano espiritual. Si algún mecenas quiere impulsar todo esto para convertirnos en rockstars de la literatura y que este ciclo sea como las charlas TED del arte, estaremos encantados de sentarnos a hablar.

Hoy os traigo, con bastante retraso, la 3ª y 4ª rondas. Si no habéis venido hasta ahora, os recomiendo que os apuntéis a la próxima. Estar tan cerquita de artistas tan polivalentes, intrigantes y talentosos, no es algo que te ofrezcan todos los días.

Mascarada

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Mascarada | emartos.es

Un Mitsubishi Grandis se detiene en una zona tranquila de la Plaça dels Traginers. El conductor se baja y abre el maletero, y después, un compartimento que recuerda a los ingenios que usaban los berlineses para cruzar, de incógnito, el Muro. Puigdemont sale con dificultad. El sol lo ciega por un momento. Quiere detenerse a contemplar Barcelona en un día tan hermoso como histórico, pero lo empujan con urgencia hacia las cloacas. Un pequeño contingente de mossos fieles lo conducirá hasta el Parlament. Antes de que termine de bajar, le dan una protección para el calzado y los pantalones. Es su gran día y debe llegar impoluto. Está previsto que nadie los detendrá antes de colarse en el Parlament, y así sucede.

Nadie de su partido sabe que está allí, tampoco Torrent. Avanza con innecesaria cautela hasta llegar al Salón de Sesiones. Irrumpe con la imagen mental de todo el independentismo aplaudiendo su retorno con lágrimas en los ojos. En lugar de eso, se encuentra con una escena bastante extraña: todo el mundo lleva una careta de Puigdemont. Apenas se giran para ver quién ha entrado. Están escuchando a un orador que, a poco que pronuncia un par de frases, revela que se trata de un discurso de investidura.

Però què és això! —exclama, consternado.

Nadie lo mira. Todos siguen, con suma atención, el discurso de investidura de Puigdemont. Se da cuenta, entre extrañado y nervioso, que las bancadas de los constitucionalistas están llenas y que todos llevan su rostro. Está por jurar que esa menudita de pelo largo es Inés Arrimadas, que hace gestos de triunfo con el puño cerrado.

Traïció! —grita, con la sospecha de que Ciudadanos ha orquestado una pantomima para suplantarlo.

Què et passa? —le pregunta una señora Puigdemont a Puigdemont.

Que jo sóc Puigdemont! responde, encendido L‘autèntic.

Ja, i jo també le responde, sosegada, la señora Puigdemont a Puigdemont, mientras se gira hacia el Puigdemont que está siendo investido Puigdemont.

Se da la vuelta para pedir ayuda a su séquito, pero ya no están, o se han colocado caretas y se han integrado en la marea de falsos Puigdemont. Si alguien pudiera tomar una foto aérea de la sala, y pedirle a todo el mundo que mirara hacia arriba, sería un curioso homenaje a los libros de Martin Handford, con Puigdemont en lugar de con Wally. Rojo de ira, con el nervio del ojo izquierdo tiritándole de furia, corre hacia el impostor y lo aparta de un empujón.

Jo sóc Puigdemont! grita con los brazos en alto.

Hubiera podido esperar cualquier reacción menos que explotaran en carcajadas y aplaudieran la ocurrencia como si se tratara de un chiste de Eugenio.

Jo sóc Puigdemont! gritan todos al unísonoJo sóc Puigdemont! Jo sóc Puigdemont! Jo sóc Puigdemont!

Mientras todos gritan y ríen, la chica que cree haber identificado como Inés Arrimadas se acerca corriendo, exaltada, hasta que llega hasta él, que se encoge por instinto.

Jo sóc Puigdemont! —viene chillando, casi afónicaJo sóc Puigdemont!

Ahora, todos lo señalan con el dedo, como si estuvieran celebrando un rito tribal. No dejan de cantar lo que parece haberse convertido en un himno: Jo sóc Puigdemont!

Movidos por una fuerza invisible, todos se llevan la mano a la careta al mismo tiempo. Aunque ya lo intuye, Puigdemont no se atreve a cerrar los ojos para comprobar, horrorizado, que tras la careta está su rostro, repetido hasta la infamia en todos y cada uno de los hombres y mujeres que lo jalean y ya lo llevan en volandas hacia la calle.

Derechos

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Sabiendo que le asistía el derecho a la vida, se paseó sin ropa, con la piel embadurnada en sangre de cordero, a la vista de los lobos. Todavía les reclamaba respeto cuando ya le habían desmembrado una pierna.

Puigdemont o Ragnarök

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Puigdemont o Ragnarök

Llegas a los gélidos dominios de Nilfheim y Muspell, de Ginnungagup y los yotes, de Odin y Midgård. Mientras esperas tomando un café que te sabe a exilio, recuerdas un pasaje del Ragnarök de Borges: «¡Ahí vienen! y después ¡Los Dioses! ¡Los Dioses!» Y también este otro: «Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.» Esta conclusión te conmueve. Esos dioses «taimados, ignorantes y crueles» son Rajoy, la Comisión Europea, todas las instituciones que te han dado la espalda a pesar de las falsas embajadas y los ministros de exteriores postizos.

Tú eres savia nueva. Estás aquí para darles muerte, figurada, eso sí. Quieres saltarles a la cara, agarrarte a su frente y quitarles la máscara con todo el peso de los cien millones de votantes, o quizá más, que han refrendado todo lo que estás haciendo, te han dado carta blanca para actuar fuera de las leyes y de las fronteras geográficas y lógicas, y te aplauden a diario. Eres consciente de tu sacrificio, incluso de tu más que probable inmolación. Pero alguien tiene que abrir las puertas que les han cerrado a tus conciudadanos. Y ese alguien eres tú, que fuiste ungido por la CUP y aclamado por las multitudes.

Ya se va acercando la hora de entrar en el auditorio y enfrentarte con todos esos gigantes sin piedad. Te sientes como David ante Goliat, como Hércules ante el Olimpo de dioses furiosos. Por un momento dudas (eres humano, a fin de cuentas). Temes no reunir el valor necesario para defender tus ideales. Y entonces, como un rayo que te ilumina desde el cielo, recuerdas a los miles de millones de catalanes que te han dado no ya su voto, sino su confianza plena para reiniciar esta Matrix implacable. Piensas que una gabardina negra te ayudaría ahora. E irrumpes en la sala.

Allí no están los dioses. No hay una multitud enardecida a la que debas aplacar. Tan solo un grupo de periodistas te esperan para cubrir un breve espacio en la prensa local. El Ragnarök, piensas, como la independencia, puede esperar.

Regalo de Navidad

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Es día 25. Puigdemont contempla el frío paisaje belga desde su escritorio. Llaman a la puerta. Le ha llegado una carta. El remitente es M. Rajoy. Intentando aparentar tranquilidad, la abre mientras se traga la impaciencia. Es un texto breve: (más…)

¡Hasta luego, Lucas!

¡

A Chiquito de la Calzada, por haber rejuvenecido nuestra lengua.

Esto es ese fistro pecador que entra en un restaurante de gente muy fina. El jefe de sala se acerca y le pregunta:

—¿Tenía usted reserva?

—¡Norl, norl, norl! —le responde el bambino.

—Entonces se tiene usted que marchar.

—No puedorrr.

—¿Por qué no?

—Porque si me voy ahora, ¿quién va a terminar este chiste?

Chiquito de la Calzada | emartos.es

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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