Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

Tagpoesía

Fruto del dolor

F

A Ascensión, Alberto, sus familiares

(especialmente sus hijos),

con todo el cariño de mi alma

I

No fue el llanto que rompe

después de la tragedia.

La noche ya lloraba crudamente,

se derramaba impotente

contra el empedrado

porque sabía lo inevitable.

 

La mañana,

como la marea de un mar ebrio

y abatido,

abandonó al margen

tres rosas que habían sido blancas.

Horas sonámbulas mediaban

entre el estruendo

y el crujir del unánime corazón

más de mil veces fulminado.

 

Nada cuesta imaginar el paseo,

las rosas en la mano,

el acecho chacal.

Nada cuesta recordar

el dolor que nunca se abrazó al olvido,

ni las noches abismales

donde se retuerce

sin descanso

el último instante de agonía.

 

Pero nadie puede ser quien esperaba,

al abrigo de sueños inocentes,

el regreso de unos padres

bruscamente ausentes.

 

Nadie puede recordar

todas las palabras de consuelo,

las caricias recibidas

y las ausentes,

las buenas noches

que faltaban al día siguiente.

 

Todos los años,

cuando llega esta tristeza,

me abate la certeza

de no poder servir de aliento,

haber sido feliz,

seguir viviendo.

Esos detalles,

esas breves satisfacciones

que nosotros malgastamos

y ellos ya no tienen.

 

II

Aquí os arrancaron

de las horas,

aquí os congelaron

para siempre

unos viles carroñeros

del infierno.

 

En esta calle apartada,

silenciosa,

en este fragmento

de muros y puertas y ventanas,

descansa vuestra memoria imperturbable.

 

Cuando las noches solitarias

os visitan,

¿no os cuentan

que os lloramos todavía,

que nadie os ha olvidado?

¿No os cuentan

que dos flores misteriosas

crecen al amparo de la sombra

en la esquina maldita

donde os perdimos de vista?

 

Desde los adoquines impasibles

os hago en las alturas,

fuera de aquí,

en un lugar

donde la miseria,

el odio,

la violencia,

el rencor y la locura

ya no os tocan ni os alcanzan.

 

 

Nota: Poemas publicados originalmente en la revista Margen Cero.

Recuerdos

R

Cuando la voz se quiebre, cuando la hora ya no importe, los recuerdos vendrán de muy lejos a ninguna parte. Se desparramarán buscando el lugar en el que solían cobijarse y no hallarán más que un calor que se disipa, un silencio trémulo. Soñarán con lo que fueron, lentamente irán cayendo en el letargo y se perderán para siempre.

Y alguna vez, en el futuro, resurgirán como si fueran nuevos en la mente de otro alguien.

Entrelazados

E

Entrelazamiento cuántico

Entrelazamiento cuántico

Estuvimos entrelazados
pero el azar nos separó.
Ahora, en un lugar remoto
y oscuro, lejos de toda luz,
de toda esperanza, oigo cada uno
de tus pasos,
cada giro de tu cuerpo
perfecto.
Y te tengo
sin tenerte.
Y me muero
por saber
de ti.

Por favor, sea breve (II)

P

Por favor, sea breve (II)

Esta noche seguiré dando la tabarra con mis letras en el apasionante ciclo Por favor, sea breve, pero esta vez con micropoemas. Si no sabes lo que es, te gustan o los odias, acércate. Es una ocasión interesante para aprender, disfrutar o levantar pasiones, según sea tu caso. No vengas si te resulta indiferente, porque eso se parece mucho a no ser y nos acabarías contagiando.

Una vez más, agradezco a Rocío y a Marta que me hayan invitado a participar, lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que ya me sufrieron el martes pasado.

Allí os espero a (casi) todos.

P.S.: Me he tomado la licencia de dirigirme a ti y a vosotros indistinta y confusamente, que para algo esto es un blog sobre literatura.

Este abrazo

E

Este abrazo te acompañará siempre. Aunque el tiempo lo borre de tu memoria, seguirá ahí, latente, como una sensación indefinida pero agradable y reconfortante.

Algún día, cuando más necesites este abrazo, esa sensación volverá y te envolverá con todo mi amor. Y ahí nos encontraremos, para siempre.

Humo

H

Humo

Llegué a una arboleda en la falda de una montaña. El silencio, lento y seductor, durmió mis sentidos entre aquellos matices verdes y rojos. Me senté bajo un álamo viejo y saqué mi pequeña bolsa de tabaco negro. Mientras liaba un cigarrillo, contemplé algunas hojas que caían de las ramas, dibujando en el aire destellos de esmeralda y rubí. Encendí el pitillo y le di una calada. El sonido del tabaco crujiendo ante la presencia del fuego, su sabor dulzón invadiendo mis entrañas, el rojo encendido del papel, después gris ceniza… y por fin ella saliendo de mis labios, escapando de mi ser, volátil y confusa.

Ella se dirige a los claros cielos. Yo sigo aquí, esperándola.

Día de los abandonados

D

Día de los abandonados

Si todo ha ido bien, en estos momentos me encuentro en el acto Feliz Día de los Abandonados, organizado por Ediciones en Huida y amablemente acogido por La Carbonería. Es curioso, porque circunstancias distintas de las previstas al escribir estas líneas, podrían impedirme estar allí, y de alguna manera se habría creado una especie de realidad paralela: Mientras realmente no estoy allí, algunos afirmarían que estoy allí realmente.

El caso es que vamos a leer algunas creaciones más o menos relacionadas con el amor, pero desde esa perspectiva desengañada y solitaria tan propia de los románticos del XIX. Y claro, entre unos y otros, haremos que ese lugar y ese momento sean mágicos durante un rato.

Lecturas en La Carbonería (A renglón seguido)

L

Pues sí, por fin llegó aquella tarde y todo fue muy divertido. El día había empezado bien: Un desastre en forma de catarata en el piso de mis suegros (el vecino de arriba olvidó cerrar el grifo) amenizó la mañana, y de camino a La Carbonería, un incendio justo al lado del local. Pero al final, como decía, fue muy divertido y conocí a gente interesante con la que pude compartir un rato agradable leyendo nuestras locuras.

Algunas de las lecturas están publicadas aquí, como Las horas felices y Música. La cosa pertenece a Lapso, ese libro del que tanto hablo y que en breve volverá a estar a la venta.

El vídeo, cortesía de los chicos de FILHIN, lo improvisamos sobre la marcha, y es más que nada un experimento que no ha quedado mal del todo. Concretamente lo grabó Isa, que tuvo la amabilidad de acompañarme para ayudarme a sobrellevar mi famosa timidez.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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