A ti que te agarras a una roca resbaladiza

¿A qué esperas?
¿Qué miras?
Nada va a salvarte.
Nadie te dará las gracias.
Es posible que ni siquiera
te recuerden.
Estás ahí con las manos aferradas
a esa roca resbaladiza
que tarde o temprano
acabará entregándote a las olas bravas.