Hécate poseía tres caras. Jano tenía dos. Cada uno de nosotros tiene un número tan enorme de caras que resulta insoportable para la mente. Si alguien pudiera vernos por completo, es decir desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, cada uno de nuestros movimientos, cada uno de nuestros gestos, comiendo, durmiendo, yaciendo… no podría soportarlo.
Por eso me resulta tan absurdo que a una persona se la defina por su profesión, o por sus aficiones, o por su edad. Ninguno de nosotros somos únicamente una sola de esas cosas.


