Morirnos de vez en cuando

Deberíamos morirnos de vez en cuando.

A un muerto se le dedican semblanzas y discursos que, quizá por pereza, quizá por vergüenza, nadie le dirá en vida.

Escuchar esos discursos sería curioso. Tal vez nos daría esperanza y nos permitiría entender cómo nos ven los demás. Sería como tener otra oportunidad después de muertos. Ver nuestra vida en retrospectiva no para lamentarnos por nuestros errores, sino para corregirlos durante el tiempo que nos quede.

Y disfrutar del ágape, que sólo está permitido a los vivos.