Rehuir el debate con quien piensa diferente equivale a una rendición intelectual.
El debate, el diálogo, la confrontación de las ideas, son oportunidades no sólo para convencer al contrario, sino para entender su postura.
No hay dos personas que puedan diferir en todo. De hecho, dos personas elegidas al azar difieren en muy poca cosa. Por eso hay que hablar, entenderse, encontrar el terreno común.
Es ahí, ya sea en el consenso o en el disenso, donde las ideas se dignifican.


