Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

Tagbreve

El ciervo

E

El ciervo

A Isa

Conducía en la noche más profunda y cerrada intentando encontrar un pueblo que no aparecía en los mapas, y por supuesto tampoco en ningún GPS. Sólo podía intuir la densidad del bosque con las ráfagas de los faros en las curvas más pronunciadas, y su sola noción me inquietaba. En un par de ocasiones jugué a detener el coche y apagar luces y motor para sentir el miedo viscoso de ese bosque infinito. De pronto, tras una curva, iluminé un claro donde había una figura. Paré de golpe, sobre todo por la curiosidad. Era un ciervo con una cornamenta majestuosa. Estaba comiendo algo que había a sus pies. Recuerdo que alzó la vista y me clavó una mirada encendida de ojos rojos, la sangre derramándose entre los colmillos brutales, el cadáver humano yaciendo en el suelo, la oscuridad en el retrovisor cuando pisé a fondo para dejarlo todo atrás.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

La promesa

L

La promesa | FILHIN
La promesa | FILHIN

A Auxi

¿Recuerdas aquel año que habías prometido llevarle flores al Señor? Siempre has sido muy devota, de no faltarle ni cuando caían chuzos de punta. Ahí estabas tú, puntual a tu cita, para que no se pusiera triste. ¡Y qué poquitas veces le has pedido algo! Aquella vez fue la única, creo, y por eso le prometiste un ramo de claveles rojos bien bonitos. Entonces sucedió aquello que donde otros ven una curiosa casualidad, tú ves algo más hermoso. ¿Y qué quieres que te diga? Si para ti es así, ¿qué más da lo que opinen los demás? Era la Madrugá, y llevábamos un buen rato en las sillas esperando que pasara el Señor. Aquel año faltaron los señores que tenemos delante desde hace tantos años, y en su lugar vino un matrimonio con una niña rubita y con la piel muy clara, ¿te acuerdas? ¡Claro que sí, cómo se te iba a olvidar! Venía el Señor caminando despacito como sólo él sabe hacerlo, y de pronto, se nos paró justo enfrente. ¡Ay, qué alegría te entró de tenerlo tan cerca, después de tanto esperar, de tantos días dándoselo todo! No sé si fue la brisa o que no estaba bien colocado, pero un clavel rojo se desprendió del paso y le cayó a la chiquilla en el regazo. Y con la naturalidad de los niños, se volvió sonriendo y te dijo: «Toma, para ti.»

 

Microrrelato incluido en Lapso.

¡Contente!

¡

Sintió que se moría y contuvo la respiración para evitar irse del todo. Así, quedó entre la vida y la muerte: viendo y oyendo y sintiendo frío y calor, pero sin poder moverse, sin poder hablar. Vivía en la más completa soledad, nadie llamaba nunca a su puerta. Nadie encontraría jamás su cuerpo eternamente moribundo.

En penumbra y de medio perfil

E

Recibió una citación del juzgado para declarar por un presunto fraude. No sabía nada del asunto, ni siquiera había estado en esa lejana provincia, pero todo apuntaba que era él quien había cometido esos hechos. Supo entonces que le habían robado la identidad. Del otro no sabía nada. Dónde vivía, con quién se relacionaba, y sobre todo, cuál era su aspecto. En los largos meses de trámites y papeleo, declaraciones y justificaciones que no tendría por qué haber ofrecido, intentaba imaginarlo, recrear su aspecto, aunque lo más que lograba visualizar era su rostro en penumbra y de medio perfil. Le intrigaba por qué lo había elegido a él. Por qué, entre tantas identidades donde escoger, había optado por la suya. Con el tiempo se fue obsesionando, pensando más en el otro que en sí mismo, inventándose una vida de pendencia y riesgo constante. Un día se descubrió ideando cómo robar en una tienda, pero por suerte pudo salir antes de perpetrar el delito. Ya en casa, deseó quitarse todo eso de encima pero intuyó que el cambio era ya demasiado profundo. Por su mente pasó por un instante la idea de rajarse el cuello con la esperanza de que el otro, en algún lugar remoto, también cayera fulminado. Pero ese final se le antojaba demasiado histriónico, así que salió de su casa dejando la puerta abierta y vagó sin rumbo aparente durante varias horas. Paseos, inciertos trayectos en tren y breves horas en pensiones difuminaron o confundieron su noción del tiempo, y en medio de la noche llegó rendido a un barrio sucio y desordenado. Se dirigió sin pensar a la cancela entreabierta de un bloque antiguo y subió las escaleras. Había un largo pasillo, y al fondo, una puerta como todas las demás. Pero no era todas las demás. La empujó y cedió sin quejarse. En el recibidor, que estaba en penumbra, había un espejo en el que pudo atisbar un rostro ajeno, en penumbra y de medio perfil. Una mujer lo esperaba desnuda en una cama donde nunca había yacido. Lo miró sin sorpresa. Mientras, el otro ya habría llegado, se estaría acomodando en su biblioteca, se habría servido una copa de brandy sin hielo y estaría respirando con calma esa soledad que redimía todos aquellos años de persecución incesante.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

El aliento en la cara

E

Creyó escuchar la puerta trasera. Llevaba largo rato dormido, sería un sueño. Después, pisadas acolchadas subiendo desde la primera planta. Supo que era inevitable cuando sintió el aliento en la cara del perro al que había colgado en la tarde, el gruñido precursor, los ojos imposibles brillando en la habitación sombría.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Descenso

D

Ascensor

Entró en el ascensor con su bebé en brazos, tratando de no despertarlo. Hacía rato que había caído la noche y quería llegar a casa. Necesitaba llegar a casa. Pulsó el botón con ese cero que bien podría ser una O, y el ascensor comenzó a descender. Le pareció que tardaba más de lo habitual, pero no se había detenido: seguía bajando. Ya tenía que haber llegado a la planta baja, pero el ascensor continuaba su descenso monótono. Lentamente, la cabina se detuvo y sonó el timbre de la puerta. Ante sus ojos se abría el Infierno, vacío de todo y repleto de cosas, ya con la noche bien entrada, su bebé en brazos, su indefenso bebé en brazos.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Por favor, sea breve (V)

P

Por favor, sea breve (V)

Yo ya pensaba que me habían declarado persona non grata en este ciclo, pero al parecer me siguen queriendo. Así que me voy a aprovechar y me pasaré en un rato para compartir algunas frases sueltas (y breves) con quien tenga la amabilidad de escucharlas.

Como siempre, gracias a Rocío y a Marta por su tremenda labor al frente de este ciclo. De momento han conseguido algo muy importante, y es que un buen puñado de personas dediquemos un rato a la semana a reflexionar sobre la importancia de la brevedad. Y eso para mí no tiene precio.

Allí os espero a (casi) todos.

Sin retorno

S

Metamorfosis de Narciso | Salvador Dalí
Metamorfosis de Narciso | Salvador Dalí

Despertó de la siesta algo azorado. Su novia sostenía un gato que nunca habían tenido como si llevara con ellos toda la vida. Le habló de quedar con alguien a quien no conocía en una casa de campo que no llegaron a comprar. Supo que había cambiado de dimensión mientras dormía, que ya no podría regresar, y eso no lo atemorizó tanto como la idea de todos los otros cambios que le deparaban.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Por favor, sea breve (IV)

P

Por favor, sea breve (IV)

De hecho no es la cuarta noche, sino la quinta, pero de la anterior me caí y de la otra no comenté nada (fue de microcuentos, una auténtica delicia de la que, por desgracia, no ha quedado testimonio gráfico alguno). Además, no está bien que ande siempre asaltando el cartel. Me parece una grosería.

El tema de esta noche es el apasionante mundo del ensayo y el artículo, pero en su mínima expresión. Es un ejercicio interesantísimo el de sintetizar las ideas al máximo. No en vano pensamos mediante palabras, y su abuso puede provocar pensamientos inservibles.

No me canso de agradecer a Rocío y a Marta que me hayan invitado a participar, sobre todo porque hoy he realizado un ejercicio de arqueología entre mis textos, y eso siempre es sorprendente y agradable.

Allí os espero a (casi) todos.

Por favor, sea breve (II)

P

Por favor, sea breve (II)

Esta noche seguiré dando la tabarra con mis letras en el apasionante ciclo Por favor, sea breve, pero esta vez con micropoemas. Si no sabes lo que es, te gustan o los odias, acércate. Es una ocasión interesante para aprender, disfrutar o levantar pasiones, según sea tu caso. No vengas si te resulta indiferente, porque eso se parece mucho a no ser y nos acabarías contagiando.

Una vez más, agradezco a Rocío y a Marta que me hayan invitado a participar, lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que ya me sufrieron el martes pasado.

Allí os espero a (casi) todos.

P.S.: Me he tomado la licencia de dirigirme a ti y a vosotros indistinta y confusamente, que para algo esto es un blog sobre literatura.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

Contacto

Categorías

Archivos

Este sitio web utiliza cookies + info

ACEPTAR
Aviso de cookies