En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.
Ezequiel, 28:13
Aunque Dios habla aquí del rey de Tiro, muchos han leído en estos pasajes una mención a Satanás.
Dios creó a Satanás como un ángel perfecto, el más hermoso de los hijos del alba. Sin embargo, éste se rebeló y traicionó a su creador. Dado que Dios es omnisciente, esto no supuso ninguna sorpresa. Según la doctrina cristiana, Dios dotó a las criaturas de libre albedrío aun sabiendo que con ello podrían albergar el mal.
Pero un rasgo esencial de esta doctrina es el arrepentimiento. Los ladrones que acompañan a Jesucristo en el Gólgota se arrepienten. Judas se suicida embriagado de arrepentimiento. El camino de la redención pasa por el arrepentimiento.
¿No es, por tanto, lógico pensar que Satanás, en algún momento, podría encontrar un instante de arrepentimiento y volver a Dios, que es todo misericordia?


