Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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Milonga con variaciones

M
https://bit.ly/2SWJKmN
A Rafa Chacón, alma de tango
El pibe llegó a Buenos Aires en una fecha incierta. Vino con ganas de quemarlo todo, de matarse a tangos y a milongas y aprender de los mejores. Fijate que a poco de llegar, ya casi se le había ido el acento. Y eso que tenía una voz que parecía un pozo solitario. Bailaba como solo bailan los genios y los locos, de una manera tan personal que pareciera que el quejido del tango se le hubiera incrustado en el alma. Ahora no hay quien dé con él. Es como si se hubiera vuelto a España de la noche a la mañana, sin decirle a nadie. Y sin embargo, ayer lo vieron bailando en lo de Viola, en el Canning. Para cuando puse el pie, ya no quedaba ni su sombra. ¿Y ese gallego que vino preguntando por él? Iba diciendo que no regresó al laburo, que lo dieron por desaparecido, no sé qué del consulado y que se vino acá a buscarlo. Suerte, le dijo con sorna un viejo en lo de Andretti. Que era amigo de la infancia y no se podía creer que lo hubiera dejado todo atrás. Cosas más raras se han visto. Y luego está lo que se rumoreaba en lo de Arribas. Que el pibe se había convertido en tango y ya solo rondaba las salas. ¡Como si estuviera atrapado en la música, loco!

Ciclo Mirada de hoy (3ª y 4ª rondas)

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Como muchos ya sabíais, me he incorporado como presentador habitual del ciclo Mirada de hoy, organizado por La i Crítica e Índigo Crea, del que soy miembro. Ninguno ganamos nada con esto y ganamos mucho, pero solo desde el plano espiritual. Si algún mecenas quiere impulsar todo esto para convertirnos en rockstars de la literatura y que este ciclo sea como las charlas TED del arte, estaremos encantados de sentarnos a hablar.

Hoy os traigo, con bastante retraso, la 3ª y 4ª rondas. Si no habéis venido hasta ahora, os recomiendo que os apuntéis a la próxima. Estar tan cerquita de artistas tan polivalentes, intrigantes y talentosos, no es algo que te ofrezcan todos los días.

Lapso, ya a la venta

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Lapso

Muchos recordaréis Lapso, mi primer libro en solitario, que tras muchas dificultades vuelve con más fuerza que nunca. No hay mucho más que añadir a lo dicho en este post inaugural, salvo, quizá, que estoy muy contento por haber conseguido alcanzar las expectativas que me marqué hace unos meses.

Es una colección de microrrelatos y relatos breves que tienen en común el deseo de generar inquietud y desasosiego.

Espero que os animéis a leerlo aunque sea en la versión digital, y sobre todo, que dejéis un comentario porque eso siempre ayuda, tanto para la promoción del libro como para saber qué os ha hecho sentir.

Gracias de antemano por vuestro apoyo.

El guardián

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Angkor

En algún lugar de Angkor hay un templo que muchos desconocen. En su interior habita un monstruo. En la única puerta, un guardián que vive y pernocta en el umbral y que nunca sueña. Su misión es contener al monstruo a cualquier precio. La hoja de su espada refleja el inmenso poema de sus víctimas. Para que el monstruo quede liberado, alguien debe sacrificarse en el interior del templo. El guardián sabe que de un rincón, en un momento incierto, surgirá un alma atormentada dispuesta a llevarlo a cabo.

A veces, su espada se estremece, incapaz de saber si ha matado ya a ese infeliz.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

De espaldas

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El caminante sobre el mar de nubes - Caspar David Friedrich
El caminante sobre el mar de nubes – Caspar David Friedrich

Él la esperaba al filo del acantilado, de espaldas. Ella sabía que si se acercaba demasiado, la arrojaría y tendría una muerte violenta, ¡pero nunca le había visto la cara! Llevaba años en su vida. Lo había sentido en lo más profundo y en la distancia más insoportable, siempre de espaldas, sin mostrarse, sin saber si lloraba o sonreía, sin saber si era horrible o hermoso.

Le pudo la curiosidad.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Pena de muerte

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Pena de muerteHoy debo confesarle una pequeña travesura. Posiblemente un delito, eso ya lo decidirá usted. Verá, yo no soy quien ustedes han creído todo este tiempo. Ha sido una mezcla entre una broma de mal gusto y la necesidad de sentir una experiencia nueva. La casualidad me llevó a cruzarme con él, con el verdadero asesino. Fue tal la fascinación que sentí por nuestro parecido físico, que decidí seguirlo a todas partes. Por suerte, él nunca me advirtió, y así pude ir asimilando sus gestos, sus hábitos, sus defectos… No tardé mucho en darme cuenta de que era una mala persona, y que tarde o temprano acabaría haciendo algo terrible. Lo observé durante semanas, durante meses, sin que hiciera nada digno de ser contado. Pero una noche cambió su ruta y supe que todo se había puesto en marcha. Confieso que me sentí excitado casi como si yo mismo fuera a perpetrar el acto. A la víctima no le dio tiempo a reaccionar… ¿Por dónde iba? Ah, sí, decía que la víctima, consciente de su propio fin, fue víctima durante unos pocos instantes. No le repetiré los detalles porque los conoce de sobra. Pero le diré que ni él ni yo disfrutamos del todo con esa muerte. Quizá faltó algo, no lo sé. Era mi primera vez y puede que también la suya. Cuando el cuerpo cayó al suelo, material y hueco, salí de mi escondite. En ese momento de éxtasis mutuo casi no hizo falta hablar. Ambos entendimos. Fue él quien hizo la llamada anónima. Lo demás ya es historia. Mi vida nunca ha sido fácil ni plena. Nunca he recibido suficiente amor, puede que ninguno. No se ría, no lo digo para que me compadezca, sino para que entienda por qué le propuse la suplantación. Necesitaba sentirme vivo, y aquí lo he conseguido. Les debo a ustedes mucho. Les debo la vida. Por eso le pido que inicie los trámites para anular mi condena a pena de muerte, y si lo cree conveniente, me acuse de los delitos que estime oportunos por encubrir al asesino. Lógicamente, no reclamaré nada por mi reclusión ni por daños psicológicos. Soy consciente de que he actuado mal, y me arrepiento… ¿Qué sucede? ¿Le resulta gracioso? Contaba con que no me creería. Pero déjeme hacerle una pregunta. Si lo que le he contado es cierto, el asesino sigue libre. ¿Y si él supiera que su esposa de ojos verdes, sus dos hijos y su hija, una hermosa adolescente, viven con usted en una casita con un limonero en el jardín, con esa desvencijada puerta de entrada y un césped al que no dedica demasiado tiempo?

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Blink

B

Mi hijo entró corriendo en el edificio, a pocos pasos de mí. Giró hacia la izquierda, donde estaba el ascensor, y en ese momento se apagó la luz. Ahí estaba entre las sombras. Su pequeño cuerpecito, su cabecita inquieta. Al encender la luz, no era mi hijo. Era otro niño de la misma edad pero más oscuro, como borroso, que con una sonrisa siniestra me preguntó:

¿Ahora quieres ser ya mi papá?

 

Microrrelato incluido en Lapso.

De nada

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Behind the smile
Photo by Jean Fan (JFotography)

Llevaba mucho tiempo queriendo, deseando, anhelando con todo su ser dominar el arte de la palabra. No se trataba de escribir mejor o peor, con más soltura o un estilo más elegante, sino de lograr que la palabra escrita tuviera un efecto inevitable y único en el lector. Si quería que llorase, éste debía llorar; si quería que riese, debía reír; si quería que se enfureciera, debía enfurecer. Se dice que lo consiguió. Fue tal su maestría que logró que un joven asesinara a sus padres tras leer un cuento compuesto justamente por cincuenta palabras. Tras ese grotesco incidente, fue juzgado y condenado a prisión en uno de los procesos más surrealistas y peculiares que ha vivido la judicatura de cualquier país moderno. En los lentos años de la cárcel, tuvo tiempo de perfeccionar su técnica. Y así, pronto reunió a un fiel séquito de sirvientes que le procuraban cualquier capricho y le proporcionaban protección. Pero su ambición, combinada con la sed de venganza contra la humanidad, urdieron un plan mucho mayor. Pasó noches sin dormir, horas encadenadas consagradas a un texto que se le resistía como ningún otro. Un texto que mutaba, se retorcía y chillaba atormentado en el silencio de las horas bajas. Un texto que atemorizaba a los reclusos más violentos. Un texto que un día, a una hora precisa, dejó de cambiar y quedó terminado. Se lo entregó al carcelero, que lo leyó y se lo entregó al alcaide, que lo leyó y lo transcribió y se lo envió a cientos de personas. Y cada una de ellas hizo lo mismo, y pronto no quedó nadie que no hubiera leído ese texto misterioso. El texto contenía una orden y un efecto. La orden era reproducirlo. El efecto, no sentir nada. Y así fue. Nadie pudo sentir nada al leer el texto. Ni rabia, ni pasión, ni lástima, ni asco, ni siquiera indiferencia. Nada. Nadie pudo volver a sentir nada jamás. Y él, medio tumbado en su catre, estaba ya seguro de ser la única persona en el mundo que había sentido algo al crear ese texto, al leerlo paladeando cada palabra con lentitud, al recordarlo como se recuerda el sexo profundo.

Con soberbia.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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