Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

Tagbreve

Descenso

D

Ascensor

Entró en el ascensor con su bebé en brazos, tratando de no despertarlo. Hacía rato que había caído la noche y quería llegar a casa. Necesitaba llegar a casa. Pulsó el botón con ese cero que bien podría ser una O, y el ascensor comenzó a descender. Le pareció que tardaba más de lo habitual, pero no se había detenido: seguía bajando. Ya tenía que haber llegado a la planta baja, pero el ascensor continuaba su descenso monótono. Lentamente, la cabina se detuvo y sonó el timbre de la puerta. Ante sus ojos se abría el Infierno, vacío de todo y repleto de cosas, ya con la noche bien entrada, su bebé en brazos, su indefenso bebé en brazos.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Por favor, sea breve (V)

P

Por favor, sea breve (V)

Yo ya pensaba que me habían declarado persona non grata en este ciclo, pero al parecer me siguen queriendo. Así que me voy a aprovechar y me pasaré en un rato para compartir algunas frases sueltas (y breves) con quien tenga la amabilidad de escucharlas.

Como siempre, gracias a Rocío y a Marta por su tremenda labor al frente de este ciclo. De momento han conseguido algo muy importante, y es que un buen puñado de personas dediquemos un rato a la semana a reflexionar sobre la importancia de la brevedad. Y eso para mí no tiene precio.

Allí os espero a (casi) todos.

Sin retorno

S

Metamorfosis de Narciso | Salvador Dalí
Metamorfosis de Narciso | Salvador Dalí

Despertó de la siesta algo azorado. Su novia sostenía un gato que nunca habían tenido como si llevara con ellos toda la vida. Le habló de quedar con alguien a quien no conocía en una casa de campo que no llegaron a comprar. Supo que había cambiado de dimensión mientras dormía, que ya no podría regresar, y eso no lo atemorizó tanto como la idea de todos los otros cambios que le deparaban.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Por favor, sea breve (IV)

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Por favor, sea breve (IV)

De hecho no es la cuarta noche, sino la quinta, pero de la anterior me caí y de la otra no comenté nada (fue de microcuentos, una auténtica delicia de la que, por desgracia, no ha quedado testimonio gráfico alguno). Además, no está bien que ande siempre asaltando el cartel. Me parece una grosería.

El tema de esta noche es el apasionante mundo del ensayo y el artículo, pero en su mínima expresión. Es un ejercicio interesantísimo el de sintetizar las ideas al máximo. No en vano pensamos mediante palabras, y su abuso puede provocar pensamientos inservibles.

No me canso de agradecer a Rocío y a Marta que me hayan invitado a participar, sobre todo porque hoy he realizado un ejercicio de arqueología entre mis textos, y eso siempre es sorprendente y agradable.

Allí os espero a (casi) todos.

Por favor, sea breve (II)

P

Por favor, sea breve (II)

Esta noche seguiré dando la tabarra con mis letras en el apasionante ciclo Por favor, sea breve, pero esta vez con micropoemas. Si no sabes lo que es, te gustan o los odias, acércate. Es una ocasión interesante para aprender, disfrutar o levantar pasiones, según sea tu caso. No vengas si te resulta indiferente, porque eso se parece mucho a no ser y nos acabarías contagiando.

Una vez más, agradezco a Rocío y a Marta que me hayan invitado a participar, lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que ya me sufrieron el martes pasado.

Allí os espero a (casi) todos.

P.S.: Me he tomado la licencia de dirigirme a ti y a vosotros indistinta y confusamente, que para algo esto es un blog sobre literatura.

Y fuimos breves, o casi

Y

Por favor, sea breve (Edu) | Foto: Iván Vergara
Por favor, sea breve (Edu) | Foto: Iván Vergara

La pasada noche del martes fue, sobre todo, de reencuentros. Con palabras antiguas que sonaban a nuevo y con viejos amigos que siguen siendo los de siempre. Durante unas horas, fue como aquellas tertulias que organizábamos hace años.

Quiero dar las gracias nuevamente a Rocío y a Marta por recordarnos que somos unos cuentistas y que la brevedad es hermosa; a Maribel y a Beto por prestarme el soporte para leer mis cuentos; y por supuesto, a todos los que quisisteis compartir ese rato de literatura con nosotros.

Parece que el streaming que se emitió (y del que me enteré a toro pasado), no está disponible. Lo que sí puedo indicar son los cuentos que leí de este mismo blog: Música y Visita furtiva. Espero que os gusten.

El próximo martes tenemos otra cita, esta vez con la micropoesía. Allí os espero.

Por favor, sea breve (Raúl) | Foto: Iván Vergara
Por favor, sea breve (Raúl) | Foto: Iván Vergara

Por favor, sea breve (Rocío) | Foto: Iván Vergara
Por favor, sea breve (Rocío) | Foto: Iván Vergara

Por favor, sea breve (Beto) | Foto: Iván Vergara
Por favor, sea breve (Beto) | Foto: Iván Vergara

Por favor, sea breve (Marta) | Foto: Iván Vergara
Por favor, sea breve (Marta) | Foto: Iván Vergara

Por favor, sea breve

P

Por favor, sea breve

Esta noche estaré compartiendo con buenos y viejos amigos eso que tanto me gusta: la literatura, concretamente cuentos. Agradezco el detalle a Rocío y a Marta por invitarme a participar, aunque me da la sensación de que no saben bien lo que hacen. Intentaré ser breve.

Allí os espero a (casi) todos.

La señora

L

La señora - FILHIN
La señora – FILHIN

Había entrado a trabajar en una finca preciosa. La dueña era una señora muy elegante, entrada en años pero agradable y educada. Él era jardinero. Alto, fuerte, apuesto. En su limitada concepción del mundo, creía que si conseguía acostarse con la señora, se aseguraría el trabajo de por vida, y quién sabe si alguna que otra gratificación extraordinaria. Su mujer, que parecía estar seca por dentro y por fuera, sólo quiso saber una cosa. «¿Está limpia?» Él asintió con la cabeza, muy despacio. «Entonces haz lo que debas, nos hace falta el trabajo.» Los primeros días se los tomó como un juego: ella lo estaría poniendo a prueba para divertirse. Pasaron las primeras semanas, los primeros meses, y empezó a temer por su trabajo. Se miraba al espejo interrogándose sobre los posibles defectos que la señora podía ver. Ensayaba frases encantadoras y excusas para entrar en su casa a cualquier hora. Pero nada parecía funcionar. Un día, mientras baldeaba una de las terrazas, creyó ver a la señora desnuda en una de las habitaciones. Se acercó con sigilo y espió entre los visillos. Ahí estaba ella, desnuda por completo, con marcas de la edad sobre un cuerpo apetecible y femenino, lleno de curvas sensuales y enigmáticas. Y frente a ella un hombre, también desnudo. Por su aspecto se diría que tenía más o menos la edad de ella, una cuidada barba blanca y una sonrisa imperturbable de oreja a oreja. En ese momento estalló. Salió corriendo hacia el interior de la casa, atravesó el recibidor, el salón y el pasillo frenéticamente, y se plantó frente a los amantes, sudando y con la cara desencajada. Sus ojos desprendían incomprensión y rabia, y todos sus músculos estaban tensos. Entonces, se tiró a los pies de la señora y le suplicó entre lágrimas que lo aceptara, que lo dejara entrar entre sus piernas. Anticipando una mirada cómplice a su compañero de juegos, ella se agachó y le acarició el pelo con dulzura. Le dijo algo al oído y lo levantó con suavidad. Lo acompañó hasta el recibidor en silencio y lo despidió con un portazo, sin darse la vuelta.

 

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Trámites

T

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Llevas toda la mañana esperando en la cola de Hacienda. Saltan números aleatorios. Todos menos el tuyo. En la espera te duermes y tienes sueños plácidos en lugares remotos y paradisíacos. De golpe un zumbido. Abres los ojos y estás solo. El ordenanza te indica la salida. Tu número parpadea, burlándose, en el monitor aséptico.

 

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Aquello que…

A

Bastón Ayer se descubrió preguntándole a su hijo: «A veces olvido cosas, ¿verdad?» Así es desde que mamá se fue. Uno a uno, les ha escrito una carta para dar una fiesta. Hijos, nietos, amigos, pasan el día con él viendo álbumes de fotos, riendo anécdotas felices. Es una despedida tácita: quizá mañana los mire sin volver a verlos.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
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Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

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