Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

AutorEduardo Martos

Padre, emprendedor (@soynatiboo), fotógrafo (@tengofilhin) y escritor que ama la vida y desconoce el Universo.

Decálogo para un partido político apolítico

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Decálogo para un partido político apolítico | emartos.es

Sin solemnidad alguna declaramos que:

  1. en la medida de lo posible, lo trataremos todo con humor;
  2. nuestro objetivo es ir a dormir a las instituciones. Dado que llevamos una forma de vida muy ajetreada, hay que dar visibilidad al descanso. Si la normativa vigente lo permite, contaremos lo que hemos soñado cunado tengamos el turno de palabra;
  3. cuando vayamos a trabajar (aunque estemos durmiendo), cobraremos a razón de 40€ + IVA la hora, y el resto lo donaremos a causas sociales;
  4. no hablaremos de «la gente», «el pueblo», «la casta» ni nada parecido porque no entendemos bien dónde están los límites entre unas y otras y porque nosotros también somos «gente»;
  5. fomentaremos las divisiones internas para darle emoción al partido y acaparar titulares;
  6. no tendremos disciplina de voto (si es que votamos);
  7. en nuestros debates con otras fuerzas políticas habrá siempre algún componente absurdo y más buen rollo que confrontación;
  8. en el remoto caso de que obtengamos apoyo para gobernar, buscaremos a gente capaz. Nosotros seguiremos durmiendo;
  9. manifestaremos nuestras opiniones individuales en público, aunque no tengan nada que ver con el partido, que por cierto carece de ideología;
  10. nada de lo manifestado en este decálogo es vinculante, pero si cambiamos, avisaremos y lo reconoceremos sin problemas.

Milonga con variaciones

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https://bit.ly/2SWJKmN
A Rafa Chacón, alma de tango
El pibe llegó a Buenos Aires en una fecha incierta. Vino con ganas de quemarlo todo, de matarse a tangos y a milongas y aprender de los mejores. Fijate que a poco de llegar, ya casi se le había ido el acento. Y eso que tenía una voz que parecía un pozo solitario. Bailaba como solo bailan los genios y los locos, de una manera tan personal que pareciera que el quejido del tango se le hubiera incrustado en el alma. Ahora no hay quien dé con él. Es como si se hubiera vuelto a España de la noche a la mañana, sin decirle a nadie. Y sin embargo, ayer lo vieron bailando en lo de Viola, en el Canning. Para cuando puse el pie, ya no quedaba ni su sombra. ¿Y ese gallego que vino preguntando por él? Iba diciendo que no regresó al laburo, que lo dieron por desaparecido, no sé qué del consulado y que se vino acá a buscarlo. Suerte, le dijo con sorna un viejo en lo de Andretti. Que era amigo de la infancia y no se podía creer que lo hubiera dejado todo atrás. Cosas más raras se han visto. Y luego está lo que se rumoreaba en lo de Arribas. Que el pibe se había convertido en tango y ya solo rondaba las salas. ¡Como si estuviera atrapado en la música, loco!

La croqueta mística

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La croqueta mística | emartos.es

A Bella Indómita, por descubrirme el Día Internacional de la Croqueta

Dontcha, The Internet

¿No te pasa algunas veces que empiezas a escuchar una canción conocida y crees que está en una escala (tu cerebro cree que está en una escala) inferior o superior y te suena disonante pero poco a poco vas llegando, como en esos largos orgasmos lentos, y al ubicarte donde deberías haber estado desde el principio, sientes un placer suspendido en la nada? A mí me salta ese resorte con la música y con las croquetas. No me mires con esa cara de asombro. Las croquetas son (más…)

Violencia animal

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Violencia animal | emartos.es

—¡Ciertos dichos populares ejercen violencia contra los animales! —dijo el animalista, muy excitado.
—No tienes que preocuparte por los animales —le respondió el tipo de la chamarra amarilla, mientras se hurgaba en el bolsillo.
—¿Ah, no? ¿Y por qué?
—Pues porque voy a matar dos pájaros de un tiro.
Y diciendo esto, sacó una pistola y le pegó un tiro entre ceja y ceja.

Atrapado

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Trapped | Timo Waltari
Trapped | Timo Waltari

A José Tena, por inspirarme este relato
Una serie de circunstancias encadenadas me acaba llevando a una parada de metro muy alejada de la estación de tren. Es 30 de diciembre y tengo que regresar a Córdoba desde Madrid. Me bajo solo. Camino hasta la salida y la encuentro cerrada con un candado. Intento localizar otra puerta. También cerrada. El plano de metro no me ofrece muchas más alternativas. No hay personal del metro y todas las garitas están apagadas. Grito, al principio con timidez, a la tercera con garra. Nadie responde. De pronto, las luces se apagan y me quedo a oscuras mientras subía una escalera. Por poco me mato del susto. Ya en el piso superior, intento llamar a emergencias para que me ayuden. Sin cobertura. En medio de mi creciente desesperación, busco algo con lo que partir el candado. Oigo un chirrido, y justo después, un desplomarse de cajas o algo parecido. Ha sido cerca. Doy una voz por si es algún empleado rezagado. Me responde un gruñido y un golpeteo que se asemeja (más…)

Cuento sin Navidad

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La Navidad había quedado encerrada en una fortaleza oscura. Nadie recordaba quién la había raptado, pero al irse su esencia, ya nadie cantaba villancicos, ni se apreciaba el frío de diciembre, ni se recibían regalos. Santa, los Reyes Magos y el Olentzero habían conseguido (más…)

Knockout

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Knockout | emartos.es

Un tipo fornido viene corriendo de frente. Cuando va llegando a tu altura, le sueltas un gancho en la mandíbula que lo manda al suelo. La gente grita y pregunta por qué, te gritan salvaje y asesino porque el tipo no se mueve, y mientras va cerrando los ojos y tu desesperación crece, notas que él está alcanzando la paz porque en su carrera huía de algo a lo que no se le puede dar esquinazo.

El dilema del tren

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Mientras caminas por el desierto, divisas una vía de ferrocarril. Hay un cambio de agujas. Es un tremendo golpe de suerte porque las vías te llevarán a una estación. A medida que vas llegando, distingues algunos bultos en las vías. Ya más de cerca, compruebas con horror que hay personas amordazadas y atadas a las vías. En la más próxima hay un hombre. En la otra, cinco personas. Antes de que puedas reaccionar, oyes el sonido de un tren que se aproxima. Entiendes que no tendrías tiempo de desatar a nadie, y tu única opción pasa por decidir si mueren cinco personas o una. Todos son adultos. Todos son desconocidos. Tu razonamiento es simple: salvar a cinco es mejor que salvar a uno. Accionas la palanca y dejas de mirar al tipo que te suplica con la mirada. El tren lo hace papilla con un sonido que no olvidarás. Cuando termina de pasar, las otras cinco personas ya no están en la vía, sino frente a ti, al otro lado, sonriendo. Despiertas. Hay una persona accionando el cambio de agujas para que el tren salve, una vez más, a cinco asesinos.

El láser

E

Siempre quise convertirme en el láser que me apuntaba desde la casa de enfrente. Allí no vivía nadie no se sabe desde cuándo. Y la luz sería (aunque nunca me atreví a comprobarlo) del contador de la luz. Pero a mis ocho años, para mí era un misterio y un motivo de terror. De noche, el láser apuntaba justo a la cerradura de mi casa, como si quisiera colarse y vernos dormir. Alguna vez, tras despertar de una pesadilla, habría jurado que estaba iluminando mi cuarto. Nunca se lo conté a nadie. Ni a mis padres, ni a mis primos, ni a Manolito, mi mejor amigo. Por eso, cuando vuelvo a la vieja casa de mis padres en verano, nunca termino de entender por qué me veo a mí mismo, durante una fracción de segundo, desde el punto exacto en que el láser observa, silencioso, desde siempre.

Lugares no demasiado lugares

L

A Óscar, Ara y Driss

Ciertas reuniones
no se hacen en un lugar,
sino en un momento
o en una sucesión
de momentos salteados.
Uno va recordando,
otro añade una circunstancia,
y entre todos reinventamos
aquella memoria colectiva.
Creemos ser inmunes
a estos viajes en el tiempo.
Pero siempre, sin excepción,
se quedan con algo nuestro.
Una carcajada, una mueca,
la muletilla gastada y frágil
que nos sigue pareciendo
ingeniosa y válida.
Volvemos a esos pasados
para contenplarnos
un poquito, como personas
imperfectas pero llenas
de incertidumbres,
como seres indefensos
que cargan con sus miedos
ocultos en la espalda.
Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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