La mayoría de la gente ignora que al otro lado, justo a la vuelta de la esquina, habita un abismo insondable. Los que lo intuyen tratan de ocultarlo bromeando o haciendo como que no está. Los pocos que lo han contemplado ya no pueden dejar de verlo. Saben que está ahí, y como dijo Nietzsche, les ha devuelto la mirada. Estos, los que han despertado a esa realidad, sólo pueden apreciar las pequeñas cosas de la vida haciendo grandes esfuerzos, engañándose a sí mismos y suspendiendo la incredulidad durante breves momentos.
Lo que se ha visto no se puede dejar de ver.


