Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

Tagvida

El ocaso

E

Sculpted by Nature | Patrick Di Fruscia (http://bit.ly/TPTsFA)
Sculpted by Nature | Patrick Di Fruscia (http://bit.ly/TPTsFA)

En aquella tierra, los atardeceres eran el espectáculo más maravilloso que un viajero puede imaginar. La lenta evolución de su sol se podía sentir muy dentro, como una caricia en el alma. Las tonalidades cambiantes evocaban hermosos recuerdos y podían despertar sensaciones que llevaban dormidas mucho tiempo. Los habitantes de ese mundo prodigioso no estaban hechos para durar. Cuando nacían, una sonrisa enorme adornaba su rostro, asombrados por la belleza que los rodeaba. Todos procedían de una sola madre, que se hallaba en el interior de una gruta sombría. Torpemente, animados por su instinto, ascendían por una pendiente y se detenían al llegar a la cumbre. Su vida se prolongaba hasta el ocaso. Los que nacían de noche se quedaban dormidos para siempre en el camino, y con el tiempo se convertían en flores y en deseos vaporosos. Los que lograban llegar, sonreían con más ganas, se abrazaban a los que tenían más cerca y contemplaban la fuerza que recorría todos los rincones que alcanzaban a ver. Animales, aves eternas, lagos conscientes, vientos que transportaban armonías… Cada segundo de vida era para ellos un regalo, una certeza de que estaban allí, de todo lo que había sido y de lo que sería. Con los últimos rayos de sol, el sueño los iba atrapando y se quedaban dormidos con el resto de aquella inmensidad virgen. La madre, que nunca había visto la luz, se alegraba por ellos.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

¡Contente!

¡

Sintió que se moría y contuvo la respiración para evitar irse del todo. Así, quedó entre la vida y la muerte: viendo y oyendo y sintiendo frío y calor, pero sin poder moverse, sin poder hablar. Vivía en la más completa soledad, nadie llamaba nunca a su puerta. Nadie encontraría jamás su cuerpo eternamente moribundo.

Cuerpo sin vida

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Cuerpo

Donar mi cuerpo a la ciencia me parece una opción muy coherente. En primer lugar, puedo contribuir con el conocimiento colectivo y ayudar a salvar vidas en el futuro, lo cual es en sí una recompensa. En segundo lugar, supone un ahorro económico para mis allegados, sobre todo porque se me ocurren pocas maneras más absurdas de gastar dinero que en mi cuerpo sin vida. Por último, el hecho de que mi cuerpo no quede atado a un lugar concreto, ya sea en forma de tumba o de cenizas, permite que mis seres queridos me recuerden donde quieran y cuando quieran, sin ataduras, incluso que me reinventen si les apetece. No es ninguna forma de inmortalidad (al cabo de un par de generaciones acabas siendo irremisiblemente olvidado), pero sí es una hermosa manera de prolongar el ser, de seguir estando entre los que te han querido en vida.

Vida plena

V

Una vida plena debe de ser algo parecido a sentir cada acto como algo mágico y nuevo. Nada nos impide intentar acercarnos a este ideal.

Las horas felices

L

A Julio

¡Quiero decirte tantas cosas! Mi alma entera rebosa de abruptas emociones indescriptibles, todas ellas desconocidas y fascinantes. En ti está mi vida nueva, mi anhelo de futuro, toda la enseñanza pura que, aun siendo escasa, deseo transmitir. No me sobran las horas, pero cuando son para ti se hacen pequeñas eternidades en secreto, momentos irrompibles que transcurren en las silenciosas estrellas, en el fondo del océano, en las altísimas montañas de los cuentos, salpicadas de mágicos bosques y de cascadas relucientes.

Me da miedo esta felicidad. Este abismo de ilusiones y de momentos que nos esperan como sencillas cajas de sorpresa. En tus ojos descansa mi inmortalidad, pero también mis límites. Con cada uno de tus descubrimientos, con cada sonrisa tuya, descubro una nueva grieta en la aparentemente sólida construcción de mis creencias. Y de ellas brota un amor tan inmenso, una felicidad tan abrumadora, tantas ganas de abrazarte…

Sólo a veces puede uno ver toda su vida como una sombra arrojada y desnuda. Sólo a veces recuerdo que lo importante no es la sombra, sino quien la proyecta.

Testamento

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Agonía - Eduardo Martos
Agonía – Eduardo Martos

Hijo mío, ten una vida plena. Siente, ríe, ama, sufre, diviértete, llora. Recuerda siempre que tu tiempo es limitado y no bajarás dos veces al mismo río. Busca tu voz, tu propio ser, y cuando lo encuentres, defiéndelo con pasión hasta el final. Sé original. Sé diferente. Pero sobre todo, sé bueno.

Amada mía, como probablemente me vaya antes que tú, te tocará leer mi testamento vital. En esencia te pido dos cosas. Recuérdame no como un monumento, sino como algo vivo. Reinvéntame, con mis muchos fallos y mis pocos aciertos. Fui humano, y lo disfruté contigo. Fui feliz, y te amo profundamente

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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