Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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V

A Auxi, con todo mi cariño

Neil deGrasse Tyson sugería que en nuestro universo, visto desde una realidad con más dimensiones, no tendría sentido hablar del tiempo que pasa. En esa realidad, puedes moverte por el tiempo como aquí nos movemos por el espacio. “¿Cuándo naciste?”, preguntaba. “Siempre estás naciendo”, se respondía. “¿Y cuándo vas a morir?”, preguntaba. “Siempre estás muriendo”, se respondía.

Aun como un mero ejercicio estético, es hermoso pensar que en alguna otra parte, una conciencia que podría ser la nuestra, vuelve a vivir los instantes más recónditos de nuestra vida. Y mientras, desde aquí, nosotros podemos volver a vivir los de quienes ya se han ido.

Recuerdos

R

Cuando la voz se quiebre, cuando la hora ya no importe, los recuerdos vendrán de muy lejos a ninguna parte. Se desparramarán buscando el lugar en el que solían cobijarse y no hallarán más que un calor que se disipa, un silencio trémulo. Soñarán con lo que fueron, lentamente irán cayendo en el letargo y se perderán para siempre.

Y alguna vez, en el futuro, resurgirán como si fueran nuevos en la mente de otro alguien.

El ocaso

E

Sculpted by Nature | Patrick Di Fruscia (http://bit.ly/TPTsFA)
Sculpted by Nature | Patrick Di Fruscia (http://bit.ly/TPTsFA)

En aquella tierra, los atardeceres eran el espectáculo más maravilloso que un viajero puede imaginar. La lenta evolución de su sol se podía sentir muy dentro, como una caricia en el alma. Las tonalidades cambiantes evocaban hermosos recuerdos y podían despertar sensaciones que llevaban dormidas mucho tiempo. Los habitantes de ese mundo prodigioso no estaban hechos para durar. Cuando nacían, una sonrisa enorme adornaba su rostro, asombrados por la belleza que los rodeaba. Todos procedían de una sola madre, que se hallaba en el interior de una gruta sombría. Torpemente, animados por su instinto, ascendían por una pendiente y se detenían al llegar a la cumbre. Su vida se prolongaba hasta el ocaso. Los que nacían de noche se quedaban dormidos para siempre en el camino, y con el tiempo se convertían en flores y en deseos vaporosos. Los que lograban llegar, sonreían con más ganas, se abrazaban a los que tenían más cerca y contemplaban la fuerza que recorría todos los rincones que alcanzaban a ver. Animales, aves eternas, lagos conscientes, vientos que transportaban armonías… Cada segundo de vida era para ellos un regalo, una certeza de que estaban allí, de todo lo que había sido y de lo que sería. Con los últimos rayos de sol, el sueño los iba atrapando y se quedaban dormidos con el resto de aquella inmensidad virgen. La madre, que nunca había visto la luz, se alegraba por ellos.

 

Microrrelato incluido en Lapso.

¡Contente!

¡

Sintió que se moría y contuvo la respiración para evitar irse del todo. Así, quedó entre la vida y la muerte: viendo y oyendo y sintiendo frío y calor, pero sin poder moverse, sin poder hablar. Vivía en la más completa soledad, nadie llamaba nunca a su puerta. Nadie encontraría jamás su cuerpo eternamente moribundo.

Cuerpo sin vida

C

Cuerpo

Donar mi cuerpo a la ciencia me parece una opción muy coherente. En primer lugar, puedo contribuir con el conocimiento colectivo y ayudar a salvar vidas en el futuro, lo cual es en sí una recompensa. En segundo lugar, supone un ahorro económico para mis allegados, sobre todo porque se me ocurren pocas maneras más absurdas de gastar dinero que en mi cuerpo sin vida. Por último, el hecho de que mi cuerpo no quede atado a un lugar concreto, ya sea en forma de tumba o de cenizas, permite que mis seres queridos me recuerden donde quieran y cuando quieran, sin ataduras, incluso que me reinventen si les apetece. No es ninguna forma de inmortalidad (al cabo de un par de generaciones acabas siendo irremisiblemente olvidado), pero sí es una hermosa manera de prolongar el ser, de seguir estando entre los que te han querido en vida.

Vida plena

V

Una vida plena debe de ser algo parecido a sentir cada acto como algo mágico y nuevo. Nada nos impide intentar acercarnos a este ideal.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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