Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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Amor metálico

A

Vuelvo al podcast, quién sabe por cuánto tiempo. No esperéis regularidad, ni una temática concreta, ni siquiera un tono. Como yo, este podcast será volátil y disperso, lleno de dudas, incertidumbres y miedos.

Fruto del dolor

F

A Ascensión, Alberto, sus familiares

(especialmente sus hijos),

con todo el cariño de mi alma

I

No fue el llanto que rompe

después de la tragedia.

La noche ya lloraba crudamente,

se derramaba impotente

contra el empedrado

porque sabía lo inevitable.

 

La mañana,

como la marea de un mar ebrio

y abatido,

abandonó al margen

tres rosas que habían sido blancas.

Horas sonámbulas mediaban

entre el estruendo

y el crujir del unánime corazón

más de mil veces fulminado.

 

Nada cuesta imaginar el paseo,

las rosas en la mano,

el acecho chacal.

Nada cuesta recordar

el dolor que nunca se abrazó al olvido,

ni las noches abismales

donde se retuerce

sin descanso

el último instante de agonía.

 

Pero nadie puede ser quien esperaba,

al abrigo de sueños inocentes,

el regreso de unos padres

bruscamente ausentes.

 

Nadie puede recordar

todas las palabras de consuelo,

las caricias recibidas

y las ausentes,

las buenas noches

que faltaban al día siguiente.

 

Todos los años,

cuando llega esta tristeza,

me abate la certeza

de no poder servir de aliento,

haber sido feliz,

seguir viviendo.

Esos detalles,

esas breves satisfacciones

que nosotros malgastamos

y ellos ya no tienen.

 

II

Aquí os arrancaron

de las horas,

aquí os congelaron

para siempre

unos viles carroñeros

del infierno.

 

En esta calle apartada,

silenciosa,

en este fragmento

de muros y puertas y ventanas,

descansa vuestra memoria imperturbable.

 

Cuando las noches solitarias

os visitan,

¿no os cuentan

que os lloramos todavía,

que nadie os ha olvidado?

¿No os cuentan

que dos flores misteriosas

crecen al amparo de la sombra

en la esquina maldita

donde os perdimos de vista?

 

Desde los adoquines impasibles

os hago en las alturas,

fuera de aquí,

en un lugar

donde la miseria,

el odio,

la violencia,

el rencor y la locura

ya no os tocan ni os alcanzan.

 

 

Nota: Poemas publicados originalmente en la revista Margen Cero.

Entrelazados

E

Entrelazamiento cuántico

Entrelazamiento cuántico

Estuvimos entrelazados
pero el azar nos separó.
Ahora, en un lugar remoto
y oscuro, lejos de toda luz,
de toda esperanza, oigo cada uno
de tus pasos,
cada giro de tu cuerpo
perfecto.
Y te tengo
sin tenerte.
Y me muero
por saber
de ti.

Este abrazo

E

Este abrazo te acompañará siempre. Aunque el tiempo lo borre de tu memoria, seguirá ahí, latente, como una sensación indefinida pero agradable y reconfortante.

Algún día, cuando más necesites este abrazo, esa sensación volverá y te envolverá con todo mi amor. Y ahí nos encontraremos, para siempre.

Humo

H

Humo

Llegué a una arboleda en la falda de una montaña. El silencio, lento y seductor, durmió mis sentidos entre aquellos matices verdes y rojos. Me senté bajo un álamo viejo y saqué mi pequeña bolsa de tabaco negro. Mientras liaba un cigarrillo, contemplé algunas hojas que caían de las ramas, dibujando en el aire destellos de esmeralda y rubí. Encendí el pitillo y le di una calada. El sonido del tabaco crujiendo ante la presencia del fuego, su sabor dulzón invadiendo mis entrañas, el rojo encendido del papel, después gris ceniza… y por fin ella saliendo de mis labios, escapando de mi ser, volátil y confusa.

Ella se dirige a los claros cielos. Yo sigo aquí, esperándola.

Canción de lejanía

C

Atmósfera - Eduardo Martos
Atmósfera – Eduardo Martos

Espera, pálida, no te pierdas en la noche.
Detente, ojos cálidos… de nuevo la noche.
Oscuro, errante, confuso, mi ser se adormece.
En vago sueño pierdo lo que me pertenece.
En ti, a lo lejos, recuerdo vanos instantes
de alguna época velada y sin duda evocada.
Por segunda vez el sueño me traiciona y quiebra
mi espíritu azotado por mar y agudas piedras.
Tenaz, vacilante, trémulo aniquilo el cristal
que me atrapa. Hallo mi alma en su muerte casual.
No olvido que acaso te quise; pero ya te odio.
Mis limpios ojos limpian la tiniebla de tu ser.
No te olvido, pues la muerte sabe que moriré.
También el tiempo, y en él, el llanto y el agobio.
Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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