Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa

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Carta abierta a Felipe González

C

Biblioteca Felipe González Márquez

Estimado Señor González,

Como usted sabe, en Sevilla hay una biblioteca que lleva su nombre. Se me ocurren pocos honores mayores que ese: un intrincado universo de libros que lleve el nombre de uno. A excepción, como gozó Borges durante años, de trabajar en una biblioteca y estar en contacto permanente con todas esas letras llenas de magia.

Usted mejor que nadie, como defensor de lo público, tiene que estar por fuerza a favor de que existan lugares tan maravillosos como las bibliotecas, que acercan la cultura y el saber a todas las personas, sin tener en cuenta su condición económica o académica. Y si ese acercamiento incluye a los niños, tenemos una muy buena esperanza de que nuestra sociedad crezca en sabiduría, valores y respeto.

Ignoro si es usted consciente de que el área infantil de la biblioteca Felipe González Márquez está cerrada por falta de personal. Leo que ha sido “la crisis”, pero no tengo claro si es la económica o la de valores, la que nos está convirtiendo cada vez en una sociedad más conformista y alejada de todos esos sentimientos que nos hicieron despertar hace ya más de 40 años. Me pregunto qué opinión le merece semejante despropósito. Y me pregunto si no le duele a usted que el honor de haber dado nombre a un lugar tan especial, se vea empañado por esa terrible carencia: que los niños no tengan un espacio para leer, para aprender, para desarrollarse como personas libres.

Alguien que ama la cultura como usted no debería quedarse en silencio. Su voz es mucho más potente que la mía y puede otorgarle a esta biblioteca el brillo que merece.

Gracias por su tiempo.

Carta surrealista

C

Olivetti

A Isa

Tu amor de violenta espuma violácea me va marcando las palabras que debo escuchar, las notas que me deben llenar, la eléctrica fuga de mis dudas. Y de pronto descubro que soy tú intentando fingir un yo.

El otro día, la calle estaba perfumada de alcanfor salido de alguno de nuestros cuentos de Cortázar, y en algún café de esquina sonreía, con nombre tipografiado con Olivetti, una chica que quizá no estaba.

Tanto tiempo juntos me ha ido construyendo una casa donde a veces me quedo un tiempo, pero de la que a ratos me apetece salir y dejar las ventanas abiertas. Y no basta con respirar hondo. No basta.

Los enamorados iban al parque, van al parque, irán al parque al atardecer, como siempre. Y concluirán un perfecto rito que nosotros hemos gastado y acaso perdido. Ahora pienso que sería hermoso seguir su danza de nuevo, pero me pregunto si merece la pena.

Lo que trato de contarte a cachos, a sentimiento mutilado, es que me asfixio y sin embargo quiero seguir. Pero necesito tu mano. Tu expresión estática de póster de Ella Fitzgerald o de James Dean. Tu mirada a veces nula que transmite tanto… de mí hacia ti. ¿Recuerdas cuando nos inventábamos nuestra historia, cuando pensábamos que estaría llena de instantes-selva-sombreados, de frescura-flor, de timidez-niña-eterna? Y se nos olvidó lo más grave: la sombra-gris-tristeza.

Las hojas caen y envidian a las verdes perennes. Pero el Tiempo las compadece y, al poco, renacen más hermosas, más brillantes, renovadas. Y basta un árbol de un bosque oculto; y sobran motivos para estar allí.

No puedo perderte. No puedo abandonar las risas de vivo poema líquido, las broncas de chispa fácil, las reconciliaciones de whitelabel y ronnegrita entre beso y borrachera. No puedo dejarte en brazos de la nostalgia sólo por las dudas, si al fin y al cabo con dudas te conocí y ellas arroparán mi lecho de muerte. No puedo porque me siento débil y cobarde y el camino es negro y hostil y hay ausencias que dan miedo.

Tú, de mirada-brecha en mi alma, de preciso instante para calmarme y para excitarme, de colchón azul y sábana estampada de naves espaciales, de cosas que son mías como tuyas y de tantos detalles que matan de dulces. A ti no puedo dejarte, a ti no puedo.

Y es que todo era una sorpresa, incluso para mí. Mira, acabo de terminar la carta y no había notado que hoy es catorcedefeberero-sanvalentín, y me ha alegrado. Por fin un rito, por fin una certeza (tú misma, tu vida, tu amor), por fin las nuevas hojas verdes en mis ratos de primavera naciente.

Eduardo Martos Escritor y Mentor de Escritura Creativa
Lapso

Sobre mí

Eduardo Martos

Soy Eduardo Martos, y ayudo a los escritores a encontrar su voz. Soy escritor, y con el tiempo me he convertido en mentor de escritura creativa para que otros autores no tengan que recorrer caminos tan arduos como los míos.

Si quieres saber cómo puedo ayudarte, ponte en contacto conmigo y háblame de ti, de tus anhelos y de tus inquietudes.

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